martes, 20 de junio de 2017

Darcy

Eva Eros
La gata huerfana
Rodolfo Herrera Charolet
En el año 2013 el rostro como la historia de Darcy rápidamente se difundió en las redes sociales, quien desaparecó el domingo 24 de marzo. La fotografía que colgó su padre estaba acompañada de un terrible texto:
–Esta es mi hija Darcy, está en el Semefo, la mató su ex novio, se llama Omar… está prófugo, si lo llegan a ver, por favor denúncienlo. Ayúdenme por favor, o si llegan a saber o ver algo, me pueden marcar...
El cadáver de Darcy, un día después de su desaparición, fue encontrado como una muñeca de trapo tirado boca abajo, con el rostro desfigurado sobre una banqueta.
Meses antes la joven inició un cuento de hadas que terminó en tragedia, cuando conoció a un muchacho quien dijo llamarse Omar, con quien inició su noviazgo y terminó cuando se cometido un robo que los involucró. Tras la separación el despechado la amenazó, hostigó, violentó, al grado de confiar a su madre que deseaba dejar de existir. 
Tres meses antes de ser enterrada en una fosa fría en la delegación Iztapalapa, la chiquilla tenía le certeza de que sería asesinada y su fecha de caducidad esta próxima, así que en diciembre le dijo a su madre:

–Cuando me maten, quiero que cuides bien a mi gata Sally, que es como mi hija  –Tras la súplica, soltó en llanto y pidió perdón por sus malos ratos como una adolescente rebelde. Le pidió a su madre que siguiera con su vida, en su casa de la colonia Iztacalco. La madre desconsolada narró las confidencias y terminó las mismas con un reclamo confundido entre sollozos.
En el regazo de su madre, Darcy lloró y los enormes ojos claros se abrieron al máximo para seguir pidiendo perdón por tantas locuras de chiquilla. Esos hermosos ojos que fueron los mismos que atrajeron a Omar y quien le dijo que si no era suya no lo sería de nadie.
–Mi hija fue muy valiente, lo afrontó y la cuidamos como pudimos… pero mi hija ya no está conmigo –dijo María Isabel Lozada –¿Cómo voy a dormir hoy, si ella no está en su cama y su almohada amanece fría?
Darcy tenía el gusto de enfundarse totalmente en una vestimenta negra, empleada en una heladería, ahorraba lo que ganaba para pagar su carrera en Diseño y Comunicación Cisual de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Fue en ese lugar, en la heladería, en donde un día conoció a Omar. Trabajaba cinco días a la semana y el chico fanfarrón la halagaba por el color de sus ojos, acudiendo al negocio con el pretexto de comprar un helado. Hasta que un día la joven sucumbió a los encantos del sujeto. Siendo novios, una tarde de descuido o excesiva confianza, Omar aprovechó para robar las ventas del día, 13 mil pesos. El dueño del negocio exigió a Darcy que denunciara al chico, ella aceptó la recomendación y lo manifestó en su declaración, terminando el noviazgo.
Durante las indagatorias Omar negó en todo momento el hurto, pero la atracción hacia la chica se convirtió en odio, porque el acto lo consideraba una traición. Así que a partir de ese momento dedicó todo su esfuerzo en amedrentarla, acosarla, un día le dijo que la mataría de un balazo, otro día le dijo que la ahorcaría, un viernes a golpes o un sábado la mataría mientras la violaba.
La madre de Darcy afirma que un día entró a la recámara de su hija mientras ella atendía una llamada con Omar y escuchó que el sujeto le dijo:
–Te mostraré mi verdadero rostro, soy como el Diablo y tú no lo sabes, pero soy un sicario de Veracruz y puedo matarte si quiero.
El terror se apoderó de Darcy y terminó retirando la denuncia y pagando la deuda. 
La noche del domingo 24 de marzo Darcy cerró el negocio que atendía y avisó que regresaría a su casa acompañada de su ex novio. El lunes a las 9 de la noche con 15 minutos, el celular de Darcy se activó y llamó a su madre, la mujer presa del terror escuchó durante varios minutos los momentos en los que era asesinada su hija:
–¡Quédate quieta! Le gritaba alguien; otro más, decía ¡cállate, cállate!
Tras el auxilio de su hija, la mujer emprendió la búsqueda, recorrió las dependencias capitalinas, en donde le informaron que debería de ingresar un reporte de desaparición y tras un tiempo iniciar la búsqueda. Tras la súplica de la mujer, a regañadientes los burócratas tomaron nota de la queja, pero no hicieron nada para auxiliarla, porque actúan hasta que pasen tres días de la desaparición. El reporte levantado por las autoridades y archivado dice: 
–Darcy – delgada, piel blanca, cabello lacio y suelto, nariz respingada. Desaparecida.
A las 22:00 horas del lunes 25 en una de la Delegación Benito Juárez, en el Distrito Federal, fue encontrado un cadáver. Se trataba de un femenino de entre 30 y 40 años, con huellas de tortura, rostro desfigurado. El martes 26 la mamá de Darcy llegó al Servicio Médico Forense y pidió ver a la mujer que habían encontrado, las autoridades asignaron el expediente de una mujer de apariencia adulta por la hinchazón del rostro desfigurado, la nariz rota, los labios abultados y el cuello con marcas de ahorcamiento. Sin embargo tras mostrar el cadáver la mujer entre sollozos confirmó:
–¡Sí! ¡Es mi hija! – Gritó desconsolada. Las piernas de la madre de Darcy temblaron al punto de perder el equilibrio y con el intenso dolor en el pecho lloró frente a ella.
Esa misma tarde, los padres de Darcy hicieron los trámites para rescatar el cuerpo y proceder a su entierro. El miércoles 27 el ataúd con el cuerpo de Darcy recibió el primer palazo de tierra que la cubriría en su camino al sueño eterno y su estancia por un tiempo en la fosa. Casi un centenar de dolientes acompañaron el cuerpo de Darcy a su última morada, hasta que la mezcla y tierra mojada la sepultó. En ese lugar, junto a ella su padre, su madre, su hermana menor, amigos y compañeros de escuela, con rabia contenida y lágrimas en los ojos, vieron como la esperanza de una vida se apagó, mientras que la justicia como el vago cabalgando un jamelgo, sin rumbo ni interés se alejó en cada momento.
Una semana después del homicidio, la procuraduría turnó el expediente al área de feminicidios, según lo informó José Luis el padre de Darcy. En donde se asignó el guarismo que lleva la cuenta de la muerte. Una cuenta que se atiende por tendencias, acumulados y comparativos entre periodos, de mujeres que son asesinadas por distintas circunstancias y que forman parte de la nota roja de un momento, cuyos expedientes con el polvo acumulado pasa al olvido y testimonio de impunidad de la justicia a medias.
Sobre la tumba de Darcy, alguien dejó una rosa negra, como recuerdo de la chiquilla que de negro se vestía. Igual que la gata Sally, la misma que ha quedado, que no entiende y que no sabe que ya es… una gata huérfana. 
La soledad y desolación con la orfandad inicia

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